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Tomo I.
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cuya caída debía servir para la enseñanza de los reyes. Pero nosotros no liemossabido qué pensar de tales asertos históricos, teniendo á la vista el Códice origi-nal de los libros que mandó escribir y escribió D. Alfonso para su estudio par-ticular, referente á las ciencias astronómicas, mecánicas y físicas de su época.Leyendo y consultando en estos libros, y recordando el supuesto epitafio quenos han conservado de aquel la historia y la literatura de los modernos tiem-pos , nuestra memoria fiel no ha podido menos de idear, con relación á aqueldicho, esta paráfrasis de la contestación dada por el Califa Ornar á su GeneralAmrou, conquistador de la biblioteca de Alejandría , porque en el dicho referenteá los conocimientos astronómicos del sábio Rey de Castilla, bien le repitan óya le olviden las crónicas contemporáneas y futuras, existe cierta semejanzacon este otro: si en la mente de I). Alfonso X de Castilla había en el siglo XIIIotras ciencias que no fuesen las políticas, las morales y las de la guerra, de(pie trató el Alcorán , que es lo que importa saber á un príncipe, debieronquemarse en aquella edad como contrarias, falsas é innecesarias para la paz dela república; y si aquellas ciencias trataban de lo mismo que el Alcorán de lapolítica en la edad media, que no lo creemos, debieron también quemarse, vili-pendiarse y despreciarse por completamente inútiles.

La anterior opinión, sostenida en Egipto , redujo á cenizas por espacio de seismeses un número de códices suficientes para calentar las termas públicasde Alejandría en el trascurso del tiempo referido. En Europa , con relación áD. Alfonso el Sábio, ha dado por resultado entre otros el de conservar un dichodespreciativo, y casi desconocida y cubierta durante seis siglos con el polvo delolvido la verdad referente á lo que fué aquel Rey para merecer el nombre deAstrólogo en el buen sentido de la palabra, y el de promovedor en España yen Europa de la sabiduría de las ciencias físicas y matemáticas, con la traduc-ción, perfección é invención de los métodos y libros que legó á la posteridaden los códices alfonsíes, en los que se trata de aquellas ciencias con singularsencillez.

Estos libros, si los hubiera conocido oportunamente Librí para su historiade las matemáticas, hubiera dicho como de los de Galileo, y con mayor entu-siasmo si cabe, atendiendo á los tiempos: Cuando se leen con particular aten-ción parece que nada ofrecen de estraordinario, según son de claros y sencillosen su lenguaje; pero en esto mismo consiste su mérito, pues habiéndose com-puesto cuatro siglos antes que los del sábio Florentino, y cuando la ignoranciavencible, para salir del estado de oscuridad, raciocinaba siempre á priori, semarcha por los libros referidos de los códices alfonsíes al través de una lógica tansencilla y conforme, con aplicaciones tan exactas de los principios del buen sen-tido á la filosofía natural, que se les juzgaría escritos por algún autor modernomas bien que por un hombre rodeado de algunos árabes, hebreos y cristianos ,á quien por todas partes, fuera de aquel centro, envolvían las tinieblas, y quecomo gefe de una nación guerrera, se vió obligado á luchar sin tregua con el

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