XV
bigo, y á I). Abrahen su Alhaquin, animándoles para que hagan la traducciónen romance de los libros de las acafelias ó astrolabios universales, les rcíiere elorigen 6 historia de dichos aparatos, los nombres que les dieron en honor de losreyes árabes de Toledo y Sevilla , á quienes se los dedicaron los astrónomos an-tiguos, añadiendo que aquellos son libros rarísimos y casi desconocidos, pero deescesivo interés, según se lo había enseñado la práctica en las ciencias astro-nómicas; en definitiva, I). Alfonso manda y dispone con la fórmula de que sesirvió en muchas de sus obras, que se verifique la traducción mas cumplida ymas perfecta de aquellos libros de la ciencia antigua.
Leyendo el preámbulo á los tratados de las acafclias, escrito por mano delRey á la edad de 35 ó 3b años, ¿se podrá suponer que su saber en aquel tiempoera limitado, y que al autor de tan entendidos conceptos pudiera comparársele áuna de esas variedades de los que se creen sábios, pero que sin embargo se pa-recen á las espigas vacías de grano y de cabeza derecha y altiva? La verda-dera sabiduría en las ciencias matemáticas no se improvisa; es hija del trabajoy del estudio: si esto es evidente, también lo es que todos los hombres á quie-nes las generaciones han considerado por su saber, dispensándoles sus contem-poráneos el respeto, como á Aristóteles , Bacon, Newton y otros, ó bien hacién-doles sufrir el martirio de la persecución, de la pobreza y de la calumnia, comoá Galileo y á I). Alfonso de Castilla , pasan en sus estudios por tres estados. En elprimero de estos se les consiente, como propio de la edad juvenil y del genio alnacer, (pie tengan una idea grande de sus propios conocimientos. En el segun-do, cuando ya han progresado en la diíicil senda de las ciencias, les asaltan lasdudas, y perciben el vastísimo recinto ocupado por aquellas. Cuando á este es-tado se llega, se cae ó es fácil caer momentáneamente en el desánimo, y enuna especie de pirronismo ilustrado y sábio, como le llama Eontencll, que serecomendó como esencial á mediados del siglo XVII á las academias ó centros,á los cuales acudieron las ciencias para concentrarse. En el tercer estado, elhombre alcanza de hecho la sabiduría; ella le convence que existen muchosconocimientos verdaderos, y además de inmensa utilidad. Entonces es cuando,olvidando las penalidades de los estudios preliminares, sostiene el sábio, y creeque lo diíicil de las ciencias se puede vencer sin gran trabajo, leyendo y esco-giendo lo escelente y mejor de lo escrito sobre el objeto de sus deseos.
En vista de lo espuesto anteriormente, ¿en cuál de estos tres estados de lainteligencia con relación al saber se hallaba I). Alfonso cuando corría su sép-timo lustro? Si, según el preámbulo ó prólogo á los libros de las acafehas, sehallaba en él tercero, como á él no se llega sin prévios y aprovechados traba-jos; como no es fácil saltar en las ciencias físicas y matemáticas improvisan-do imposibles, se puede inferir lógicamente que I). Alfonso las estudió en laedad en que tenia derecho á hacerlo, porque sobre sus hombros entonces nopesaba el grave deber de la gobernación de un Estado guerrero, conquistador,y siempre dispuesto con las armas y la política á su propia defensa. La acusa-