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Tomo I.
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XXX

{laméntales para la buena astronomía, de hacer que concurriese la geome-tría, el cálculo, las ciencias físicas con la destreza de los mas hábiles artis-tas; pues sin esta feliz concurrencia, entonces, como hoy, no se comprendíala exactitud en las observaciones del mas noble saber, como le llama D. Al-fonso. Las épocas no fueron las mismas para este y para Bessel. Los recur-sos y medios tratándose de la construcción de los aparatos é instrumentosastronómicos, son y fueron muy diferentes en el siglo XIX y en el siglo XIII;pero los pensamientos fundamentales, que mas que á un hombre ó á una edad,pertenecen á la ciencia verdadera de todos los tiempos, los poseyeron los as-trónomos Toledanos de D. Alfonso, aunque entonces no se conociesen lasaplicaciones inmediatas y de utilidad positiva de su saber sobre el firmamen-to de los cielos.

El sábio y antiguo Rey de Castilla, según lo espuesto anteriormente, de-seó y quiso, como Luis el Grande de Francia , dirigir sus miradas hácia susreinos, arrojar en ellos con sus propias manos las semillas de la sabiduría, pararecoger los frutos en la paz.

No han faltado, sin embargo, crónicas políticas en que se le acusó poraquel deseo; pero á nuestro juicio, aquellas y las historias modernas que hanrepetido las mismas acusaciones, no han andado razonables, maltratando á1). Alfonso en sus aficiones por las ciencias que no eran políticas ni guer-reras. Él no perdió la tierra por las estrellas, aunque fué ó pretendió ser el mo-derador, y el que ordenase la marcha que debían seguir los estudios humanosy astronómicos de su tiempo, de la manera que lo han sido otros reyes ygobiernos, lo cual debió ser compatible en el siglo XIII, pues lo ha sido siem-pre después, con la penosa obligación del mando de los pueblos. El enemigo ólos enemigos de I). Alfonso, leyendo sus códices científicos, puede asegurar-se que no fueron, el tiempo que pasó constantemente ocupado, ni su carác-ter de sábio. Si cometió faltas como hombre político, nosotros por nuestraparte hemos deseado comprobarlas en las obras referidas, y leyendo algunasde las crónicas antiguas en la parte relativa al primer Rey de Castilla quefué electo Emperador de Alemania, fijando nuestra atención en los treinta yun años que llamó D. Alfonso de felicidad cumplida para la gobernación desus estados y no en el breve tiempo de sus cuitas. Teniendo por otro ladoá la vista los dos códices astronómicos del siglo XIII, á nuestro juicio esinexacto é injusto el epitafio que ciertas historias antiguas escribieron para lasciencias físicas y matemáticas de aquel Rey de Castilla; y tampoco podrían re-ferirse á él los dichos de solaz y entretenimiento de uno de los grandes con-quistadores modernos, cuando aseguraba que su ministro, el autor de la mecá-nica celeste, le había satisfecho mas con sus conocimientos matemáticos quepor sus talentos diplomáticos, y en otras ocasiones, diciendo con singular gra-cejo que I,aplace había pretendido aplicar sus principios del cálculo infinitesimalal difícil arte de gobernar los estados del imperio francés.

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