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Tomo I.
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LI

Estudiando analíticamente Delambre esta edición de las Tablas Alfonsíes es como ha redactado y escrito su juicio referente á la ciencia astronómica,tanto de D. Alfonso como de los astrónomos, que se dice acompañaron al so-bredicho Rey en el estudio de las ciencias de su siglo. En cuanto á nosotros,con relación al juicio considerado en las historias conocidas de la astronomíarelativamente á la escuela Alfonsí toledana; como aquella crítica se hallaíundada tan solo en las Tablas á que la imprenta lia dado el nombre de Alfon-síes, sin ser las verdaderas que se redactaron en Toledo durante el siglo XIII,creemos que la referida crítica fue inexacta y sus juicios infundados, á lo me-nos por causa de no haberse conocido oportunamente los códices astronómicoscastellanos, tanto el tabular como el del saber de astronomía, cuya publicaciónse nos tiene encomendada.

Hemos llamado inexacta á la crítica y sus razonamientos históricos quehoy se conocen y se han publicado en Europa referentes á la astronomía tole-dana del siglo XIII, fundados en el análisis de las llamadas Tablas Alfonsinas ;pero al autor de estas, si por un momento supusiéramos con cierta bizarría ó atre-vimiento poético que pudiera leer aquellas opiniones de la historia de las cien-cias, tal vez el calificativo de inexactos le pareciera moderado, cambiándolepor si se por el de injustas y llenas de sinrazón, ó si se quiere hijas de aquellos>s °lo siete dias que le bastaron á Gaurico para reformar y restablecer en su prís-tina forma original las Tablas llamadas Alfonsíes , en lugar de trabajar y buscartodas las que fuesen obras astronómicas de 1). Alfonso, lo menos por setenta-semanas; período al cual se debe suponer que pudieran tener gran respeto lossabios rabinos y otros que escribieron aquellas obras en romance castellano,sin que después haya habido nadie que haya reclamado para sí el mérito dehaber traducido en latín por primera vez el códice Alfonsí de las Tablas astro-nómicas, lo cual es estraño atendiendo al gran crédito y fama que por algúntiempo tuvieron entre los astrónomos y marinos. Si se nos permitiese en estelugar seguir al Rey D. Alfonso contestando y defendiéndole ante la historiacientífica actual, que tanto ama la verdad de los juicios publicados por lahistoria de las ciencias astronómicas del siglo XVIII con relación á los conoci-mientos que fueron propios de la Academia toledana de la centuria décima-tercia, casi estamos seguros que hoy hubiera escrito el sobredicho Rey comopreámbulo á la primera edición de las Tablas astronómicas, á cuyo frente seleyó su nombre en 1483, no lo que dijo Bailly de «que si dichas Tablas le«costaron al Rey de Castilla 40.000 ó 400.000 ducados de oro las pagó muy«caras, máxime si por otra parte le costaron y por ellas perdió el imperio de«Alemania y las coronas de Castilla,« sino mas bien estas otras palabras escri-tas en el capítulo LII del libro de las Armellas, y lo repetimos, para servir depreámbulo á las Tablas referidas: «Este ombre (. Aben-moat) fué gran sábio en

«geometría, et en astrología, et fizo un libret.et los sábios postremeros desta

sciencia acordaron con éll en ello. Et yo que soy menor que todos acuerdo