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Tomo I.
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LII

»otrossí con ellos. et cuanto yo aquí dije que era oppinion de Ptolomeo (ó

»del autor verdadero de otras tablas que probablemente no son estas) sabe»que non lo fallé en ninguno de los libros de Ptolomeo , fora ende que lo di-jeron assi Albateni , Abulcacin Abnanam , Abuiz-hac-Azarquiel , et al-»gunos otros que escribieron ciertos libros de tablas astronómicas, de las cua-tíes hemos visto algunos trozos en portugués muy antiguo, arregladas al me-»ridiano de Burgos en España , otras al de Morella , et otras que dispuso Juan»de Sajonia; et bien puede seer que todas aquellas opiniones non fuesen de«Ptolomeo . Et apusieron gelo como contesce muchas ueces, que cae yerro en«el trasladar, et mudar ell nombre dell autor en otro, cuanto mas en tan gran

«sazón que a que fué Ptolomeo , que mas a de mil annos. El sinon porque

«se allongaría mucho la razón, yo te mostraría los logares onde podrías en-«tenderlo (*),» de ciertas obras que se escribieron antes de los cánones de Juande Sajonia, dos siglos anteriores á la primera edición de las Tablas llamadas Al-

(') El códice original verdadero de las Tablas astronómicas Alfonsíes no creemos le haya publicado completo todavíala imprenta; existiendo además muchas razones para sostener que aquel códice se halla inédito, y que no fue visto ni pudoser estudiado por los astrónomos y matemáticos de fines del siglo XV, y de la centuria siguiente décimasesta: por conse-cuencia la historia verdadera de la astronomía cuando se refiera á la época de D. Alfonso de Castilla, tiene necesidad de mo-dificar sus juicios, fundados hasta hoy en el estudio de los cánones impresos que se dijeron escritos á principios delsiglo XIV por Juan de Mekois de Sajonia, y tablas que les acompañaron en 1483, corrcjidas estas é ilustrados aquellos porNicolás Gusano , por Juan de Lincris, por Virdundo, por Juan Schindelio, por Purbachio, por Regio-Montano , por DomingoMaría V su discípulo Nicolás Copérnico , y otros muchos matemáticos y astrónomos contemporáneos, ó casi contemporáneos delos sobredichos; todos los cuales, al creer corregir é ilustrar unas Tablas que se llamaron Alfonsinas, bien en sentido favora-ble ó ya de crítica y oposición á la supuesta obra de D. Alfonso y antiguos astrónomos de Toledo , lo verificaron estudiandoun libro impreso ó códices diferentes, por lo menos incompletos y probablemente adulterados, de las verdaderas Tablas originales de aquel Rey.

Esta opinión de no ser las Tablas Alfonsíes estampadas por la imprenta la primera vez en 1483 las verdaderas, comosospecha y conjetura sin poderla demostrar hasta la evidencia, la tuvieron y la consignaron en las Tablas Bergenses de 1583Stadio y lliccio, diciendo el primero al tratar de este punto dudoso de la historia: Illas Tabullas (las Alfonsíes de laimprenta) novi et octavi orbis esse adulterinas etc., mox ex suspicione Auguslini llicii de octava sphera libellus opinionem fecit.Las mismas dudas sobre las verdaderas Tablas Alfonsíes , comparadas con las que se conocieron en el siglo XVI bajodicho nombre, tuvieron el astrónomo castellano Suarez Arguello, que las espuso en su prólogo á las Efemérides arre-gladas al meridiano de Madrid impresas en 1008, y el astrónomo navarro Tornamira, quien formuló sus conjeturas ydudas sobre las disputadas Tablas Alfonsíes , diciendo en la página 11G de su Repertorio de los tiempos arreglado almeridiano de Pamplona en 1585: «Todo esto se ha tratado para que se vea la certinidad del catálogo de las estrellas que aquí»se ha puesto por la conferencia de los tiempos pasados; y para que se vea cómo alguno lia adulterado las Tablas, con la trepi-«dacion, del noveno cielo del Rey D. Alonso, varón doctísimo en astrología; porque de él no se ha de creer que las pondria«entre las suyas, sino que alguno le quitó aquellas (las suyas) y le puso las falsas por lo que se le antojó; pues vemos que ni«conforman con las observaciones antiguas ni con las modernas de nuestros tiempos.»

Pero Stadio, lliccio, Tornamira y Suarez Argüello, según lo dicho, no pasaron de manifestar dudas, esponiendo su opinióny congeturas, referentes á que tanto los astrónomos que habian considerado á las Tablas Alfonsíes conocidas entonces comoobra astronómica exacta y de gran mérito científico, como aquellos otros que las habian juzgado plagadas de errores, habianestudiado en un libro que no era de D. Alfonso de Castilla . Aquellas opiniones como congeturas no nos han parecidoque debíamos dejarlas pasar desapercibidas, y que, por el contrario, convendría robustecerlas mas, ó combatirlas, eninterés de la historia de la ciencia: por esta razón espusimos en la página XX de este discurso preliminar el índicede los verdaderos cánones ó capítulos, como los llamaron los astrónomos toledanos, que precedían á las Tablas Al­ fonsíes originales , escritas en romance; para que se pudieran comparar cada uno de los problemas astronómicos, cosmo-gráficos y trigonométricos que se resolvían por las Tablas referidas, cada una de las reglas para resolver aquellos, y lasque habian servido para la formación de dicho códice; con los cánones latinos puramente práctico-astronómicos, y áveces astrológico-judiciarios de Juan Mekois el Saxon, que hemos visto por primera vez en un códice (Biblioteca Nacional

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