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Tomo I.
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LXI

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tica y de observación por medio de la esfera, de las armellas, del astrolabioredondo, del astrolabio llano, de la lámina universal, de la acafeha y delcuadrante para rectificar. La tercera parte se compone de un libro sobre las ór-bitas de los planetas. Y la cuarta y última parte del códice la podemos supo-ner formada por los cinco libros de la relojería, dos de ellos que tratan de losrelojes astronómicos solares, uno de la construcción de la clepsidra astronómicao aplicada ala astronomía toledana, y dos libros sobre relojes dinámicos, el unocon poleas y el otro con ruedas, poleas, cuerdas, pesos motores, y con un se-mivolante de mercurio oscilando en un plano vertical, que presenta muchospuntos de semejanza dinámica con los péndulos de Huihgens y Galileo.

Como todos estos libros que forman el códice Alfonsí de la astronomíacastellana del siglo XIII están escritos en romance, y además no lia sido da-ble, por este y otros motivos, que los consultasen ó conociesen los que hashhoy han escrito la historia de la astronomía, no podemos formar apreciadones sobre el acierto ó exactitud de la misma historia, cuando juzgue del me-ntó de la escuela Alfonsí-Toledana, en el orden y lugar que corresponde áesta última, como formando uno de los eslabones de la cadena de todos losprogresos de la inteligencia.

Sin embargo conviene recordar, y aquí repetiremos muy de ligero, que tra-tándose de justipreciar el mérito verdadero de I). Alfonso, fundándose en las Ta-blas llamadas Alfonsí es, sostuvimos (pie los juicios emitidos por las historiascientíficas modernas referentes al Rey sobredicho nos parecían inexactas ypoco seguras, se entiende los diferentes pareceres de los sábios que habíamospodido leer al tratar de aquella cuestión; mientras (pie por otra parte procura-mos demostrar, que aquellos calificativos tal vez hubieran podido parecer alHey 1). Alfonso mismo escesivamente moderados, indicando con algunas razo-nes, que quién sabe si él por sise hubiera calificado los juicios históricos cono-cidos hasta hoy sobre las ciencias astronómicas de Toledo , como injustos yllenos ele sinrazón.

Al llegar á este punto se toca en una cuestión delicada, referente á resol-ver sobre quiénes deberán recaer, aunque sean hipotéticos, los calificativos delHey I). Alfonso y sus astrónomos de Toledo , en oposición á lo que de ellosescribieron las diferentes historias conocidas de la ciencia, sobre las plumas deBailly, Delambre y otros que han escrito y repetido las mismas ideas, juzgan-do á la escuela astronómica toledana por el criterio de unas Tablas de muydudosa procedencia. Pero estos autores responderían con razón, que en sutiempo se ignoraba casi por completo la existencia del tesoro escondido encastellano antiguo, de que hablaron alguna vez Bayer y Casiri en sus corres-pondencias literarias. La responsabilidad de los calificativos referidos en bocadel Rey D. Alfonso, ¿debería recaer sobre los dos últimos escritores arriba ci-tados, sobre el P. Sarmiento, el P. Higuera, el abate Andrés, el Marqués deMondejar, los marinos Vargas Ponce , Navarrcte y algunos otros que han ha-