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Tomo I.
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LXXII

temor de algún asalto á la ciudad referida, como consecuencia de ciertas guer-ras civiles en Castilla, en las cuales tomaron parte, unas veces los aragone-ses, otras los portugueses y algunas los árabes y franceses; la prudencia, queen los hombres de gobierno es hija de todos los tiempos, pudo llevar y guar-dar en S. Juan de los Reyes, para salvarlos del robo, del incendio ó del sa-queo, entre los papeles políticos de la cámara de los monarcas castellanos, quehubieran sido codiciados por los gefes, el códice astronómico de D. Alfonso,á que nos hemos referido, que tal vez hubiera sido destruido; siendo aquellugar uno de los dos que citó el P. Higuera como sitios en que se habia guar-dado el sobredicho libro original, como veremos mas adelante.

Para buscar y hallar con posterioridad á los tiempos que llevamos referidoslos códices astronómicos originales del Rey 1). Alfonso de Castilla, es necesa-rio hacerlo: l.° en medio de las oscilaciones apenas sensibles que correspon-dieron al primer período del renacimiento de las ciencias; considerandonosotros aquellas oscilaciones de la inteligencia, fluctuando entre los conoci-mientos antiguos y los modernos en un principio, como apenas sensibles,atendiendo á que el renacimiento entonces tuvo, como conquistador y domi-nador actual del mundo, velocidad grande y no poca violencia; y 2.° á fines dela centuria XVI y XVII, en medio de otras oscilaciones también de la inteligen-cia, ya mas señaladas y promovidas por los puritanismos arabista, griego ylatino , y por la duda filosófica, que por entonces comenzó á investigar si el re-nacimiento, como movimiento científico, había destruido todo lo antiguo siem-pre con razón suficiente, y por consecuencia si no habia abusado de su fuerza ygran poder. Siguiendo, pues, en nuestro informe conformes con la indicaciónque precede, y con el objeto de hallar los códices de I). Alfonso en la épocadel renacimiento, recordaremos como primero el hecho de todos conocido de lainvención de la imprenta á mediados del siglo XV. Entonces fue cuando laspalancas, volantes y caracteres movibles de aquella noble y grande invenciónmarcharon muy pronto con indecible y casi incomensurable rapidez. En-tonces ya la España habia dejado de ser, como dice Librí , el antiguo y únicorendez vous de todos los sábios de Europa . Entonces fue también cuando al-gunos de estos últimos en aquella edad, arrebatados por el primer torbellino dela imprenta contra el quietismo aparente ó real de la que llamaban antigüedad,recogieron, entre otros miles, ciertos cuadernos manuscritos que la imprentapublicó con la singular premura de la época á que nos referimos, y á lo cual sedebe el que, como otra nueva Penélope, la imprenta se haya visto con fre-cuencia en la triple necesidad de hacer, deshacer y rehacer cien veces susprimeros trabajos.

Por aquel tiempo para fortuna del mundo y para desgracia muy gloriosa deEspaña , sucedió que todas las inteligencias y actividad de nuestro pais semovieron arrebatadas por el huracán de la pasión dominante de reconocery conquistar la tierra, y por consecuencia indeclinable algunas de sus bi-