pora dar alma á cada cosa que conuenga et que sea apareíada para rescebirla.Et otrossí demostramos de las figuras de las estrellas fixas que son fuera deeste cerco Zodíaco aparte del septentrión et de mediodía, que es aquel cercoque dezimos en que están los signos, et por do anda el sol por todo ell anno.también quando es so la tierra, cuerno quando es sobre ella. Et de quál ma-nera son et los nombres que an. et por quáles razones, et de qué grandezson. et de quál ladeza. et de qué longura. et de quáles naturas, et de quálescomplexiones. Et la uertud que a cada una en sí. Et qué figuras otras salen de-bas que son partidas por .CCCLX. grados de este mesmo cerco. Et cada unaquál uertud a. et qué obra faze. et sobre quáles cosas, et en qué manera, et enqué tiempo, et quáles cosas deuen ser catadas porque esto se cumpla, assí queel fecho que es en sí uerdadero. se demuestre por obra complida. Et mostra-mos cuerno della resciben las uertudes todas las otras cosas, assí cuerno losotros cielos que son so ell ochauo. que es cada uno por sí en que yacenlas estrellas á que llaman planetas, et dessí cuerno las resciben dellas losquatro elementos, et después todas las otras cosas que se fazen dellas et porellos, assi cuerno las animabas que son cosas uiuas. et que han sentido et moui-miento. et otrossí las que llaman uegetábiles. que son árboles et yernas de todasnaturas, empero estas an en sí uida. et fazen sus semeíantes mas non an mo-uimiento ninguno. De las mineras dezimos que no es otra cosa que se fazende la tierra, que estas non an en sí espirito de uida pora fazer otras tales, nin ansentido pora mouerse. Otras cosas ay que fazen los elementos por la uertudque resciben de las estrellas que non son animales, ni uegetábiles. ni minera-les. Et esto obran ellos en sí mismos faziéndose et desfaziéndose, et de sí enlas otras cosas que aduzen á su natura según las complexiones que dellos res-ciben assí cuerno la colora, et sangre, et flema, et malaenconía. et de todas estascosas fablaremos cada una en so logar, según los sabios dixeron. Mas agoraqueremos primeramientre fablar de los cielos, et de las estrellas que en ellosson para uenir á lo que prometimos (*).
(') Como se notará fácilmente una vez leídos y meditados los ordenamientos y prólogo que con gran probabilidad escribió elRey D. Alfonso para que sirviesen de preámbulo, ó mejor dicho, empleando una frase moderna, de programa á los cuatrolibros de las estrellas fijas de la octava esfera ú orbe celeste, que en esta parte las consideró aquel Rey como sinónimas, nosbailaremos que escribió su prólogo como astrónomo, indicándose en ól que también trataría de aquel asunto como astrólogoen el buen sentido de la palabra; y tal vez para que no le acusasen sus contemporáneos que lo lexalm por pereza,como judiciario, fablando en este último sentido de cada una de las cosas que atañían á las virtudes ó influencia de las estre-llas fijas sobre las movedizas; y de estas y aquellas sobre los cuatro elementos, cuando se fazian y se desfazian dando origená miles de compuestos que hoy llamaríamos químicos; sobre los minerales que se fazen de la tierra pero que non Rabian en
si espíritu de vida para hacer otros semejantes á ellos, ni sentidos y órganos para moverse; sobre los vegetales que si tie-
nen vida y hacen otros semejantes non habían movimiento; y sobre los animales, que eran cosas vivas y que Rabian senti-do y movimiento; pero de todas estas cosas referentes á la astrología judiciaria, dijo el Rey al concluir su preámbulo, quese f'ablaria de cada una en so logar, según los sabios dixeron, frases muy breves con las cuales dicho Rey se desembarazó delo que se podia esperar de ól como astrólogo judiciario, concluyendo por decir á los verdaderos astrónomos: Mas agoraqueremos primeramientre fablar de los cielos (esponer el sistema celeste que seguimos) et de fablar nombrando, et contando,ct diferenciando por su grandeza, por su ladeza et por su longura los cuerpos brillantes que yacen en el firmamiento estrelladoet en las figuras é ymágines que los sabios antiguos dixeron se veian y asmaban en el ochauo ciclo tachonado de astros,y sobre cuya superlicie estaban esparcidas siempre con relaciones invariables las estrellas que non Rabian movimiento: todo
lo cual era lo que mas primeramientre, dice D. Alfonso, prometía tratar en sus libros.
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