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Tomo I.
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LIBRO I.

Mas porque Ptolomeo que fué el sabio mas connoscido que todos los otrosen la arte de la Astrología, et enderecé la espera en que se demuestra la formadel cielo, et de las estrellas que en él son. et fizo primeramientre el Astrolabioredondo á la forma de esta espera sobredicha. Et después tornó lo que eraredondo en llano. Este estrumente falló para saber tomar ell alteza del sol. etde las estrellas. Et saber ciertamientre el logar do cada una estaba, también denoche cuerno de dia. pora dar los juizios ciertos et fazer las obras segund man-dan las artes de la Astrología. et Astronomía. Et porque él fué maestro de fazeret componer estas cosas et de cnderecallas. et falló que el comiendo del saberlas figuras de la ochaua espera, et la entrada pora sabella era aparte de sep-tem-tryon que quiere dezir tanto como las .Vil. estrellas, que son en la figurade ossa menor, que es en la primera forma del cielo daquella parte onde mue-uen los uientos frios. Et que a cuerno la mayor partida assi de lo que es pobla-do de la tierra.

Et porque la mayor partida de las estrellas de septentrión aparescen á losornes sobre la tierra, mas que de las otras que son aparte de mediodía. Por endepor todas estas razones queremos comenzar primero á fablar en estas del sep-tentrión. Et comencamos primero de la ossa menor á que llaman en latínursa minor. et en castellano ossa menor, et en aráuiguo dub-al-azgar.que es la primera figura de todas las otras que son en esta parte. Et en posesta diremos de la otra figura que dizen en latín ursa maior. et en castellanoossa mayor, et en aráuiguo alachar. Et desí fablaremos de otra que dizenen latín serpens. et en castellano serpiente, et en aráuiguo tannin. Et otrossídiremos dotra figura que llaman en latín inflamatus. et en castellano infla-

aumento del número de sus cielos, siempre que por ellos se pudiese dar una razón de los movimientos irregulares de los cielosponiéndolos acordes con los fenómenos observados.» (Art. cid., Enciclop.)

Mientras que D’Alambcrt se espresa del modo indicado, Bailly en el último siglo se espresaba con términos parecidos,pero si cabe aún mas estraños, referentemente al arreglo y orden del universo tal como le pudo admitir el Rey D. Alfonso,diciendo (tomo I, pag. 298 de la Historia de la Astronomía) que aquel Rey, en lugar de limitarse ú estudiar ú los antiguos, sepropuso corregirlos, dando el primer ejemplo de atacar los errores de aquellos; cuya indicación general podrian creer talvez algunos que pudiera tener aplicación al número de esferas celestes que supusieron los astrónomos toledanos del siglo XIII,que adcmíis admitieron, según Bailly, la trepidación de Thebit, y á quien también hubiera convenido esta frase histórica y críticaque escribió el mismo Bailly: «I'cro estas esferas celestes, estas hipótesis sobre la trepidación, y otros muchos errores de los anti-• guos, acumulándose, prepararon el reinado y dominio de la verdad, puesto que con cada uno de aquellos se aumentaron los•absurdos del sistema de Ptolomeo , y con estas nuevas faltas se aceleró su ruina.» (Tom. I, púg. 97, Ilist. do la Astron.)

Pero todo lo espuesto y escrito en los tiempos modernos sobre el sistema astronómico que se dice tenia adoptado D. Alfonsode Castilla referentemente ú los cielos, comparándolo con la sencillez real y admirable para la época de la primera definiciónPtolomáica del universo con que principia el códice Alt'onsí del saber de astronomía, forma un contraste tal y tan opuesto, quenos parecen suficientes estas breves indicaciones para que queden demostradas las muchas inexactitudes cometidas por lahistoria y los historiadores con relación á aquel Bey de Castilla, el cual, como astrónomo, solo dijo que hahia, y creia lebastaban como á Ptolomeo , ocho cielos ú orbes celestes para csplicar todos los fenómenos astronómicos: el primero el orbede la luna, el segundo el de Mercurio, el tercero el de Venus, el cuarto el del sol, el quinto aquel por donde se movía Marte ,el sesto aquel por donde marchaba con mas lentitud Júpiter, el séptimo por donde se movia el lentísimo Saturno , y el octavoen que yacían las estrellas siempre fijas, moviéndose todas á la vez por el impulso ó sea la virtud del que se movia y no era mo-vido por nadie, del que veia y no era visto, del primer móvil, que considerado geométricamente no podía decirse fuera un orbecomo los ocbo anteriores, pues si tenia un límite con la superficie mas distante de la esfera de las estrellas fijas, debia esten-derse en dirección opuesta basta el espacio infinito, para ser morada verdadera del Creador: ideas escritas en el siglo XIII, lascuales en el sistema antiguo de la astronomía de Alejandría se hubieran considerado como dignas del buen criterio y del sentidocomún bien regido, aplicado según los tiempos á los estudios de las ciencias astronómicas de II ¡parco y Tolomeo.