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Tomo V. - Parte 1.
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síes, una vez escritos, y redactados, no para fundar escuela, sino paraenseñar la práctica de la astronomía tal como se conocía en el siglo XIII estaparte del saber, fueron obras peregrinas, senneras, como hubieran dichoen aquella edad, singulares, y tan escasas en número, que entre todos losque las buscaron con la mas esquisita diligencia, no se sabe con evidencialas encontrase mas que el florentino Gueruccio, quien las mandó traduciren Toscano.

Sin embargo de esta diferencia tan esencial, se ha dicho que habíaexistido en los siglos XIV y XV una escuela astronómica, á la cual loshistoriadores como Delambre llaman de los Alfonsíes, fundándose sin dudaen la fama tradicional que. como astrónomo se concedió á D. Alfonso deCastilla, y al gran número de Códices , en su mayor parte diferentes, quese escribieron durante dos siglos con el nombre de aquel Rey. Pero dich¡\escuela, considerada como sostenida en ciertos principios fundamentalessemejantes á los de Ptolomeo, á los de Copérnico , á los Ticho Brahe, y dela importancia que estos sábios los dieron en la ciencia de los cielos en susrespectivos siglos, no ha tenido una existencia real. Esta negación es evi-dente, y facilísima de demostrar, estudiando los Códices del saber ó de losinstrumentos y el tabular astronómico de D. Alfonso el Sábio; y en esteúltimo supuesto, á nuestro juicio, los astrólogos, los astrónomos, los mate-máticos y todas las ilustraciones que florecieron en los siglos XIV, XVy XVI redactando libros científicos con el título de Alfonsíes, en lugar deformar una escuela sobre ciertos principios fundamentales positivos, lo hicie-ron simplemente colocando sus pensamientos en derredor de la entidad moralde la gran figura histórica del Rey D. Alfonso, contemplada de cerca, per-cibida de lejos, y delineada tradicionalmente por el tiempo, que si tuvo fun-dadísimos motivos para iluminarla con las bellas tintas de la ilustración enlos penosos trabajos lejislativos, en los difíciles de la política, en los severos dela historia, en los azarosos de la guerra, en los mas dolorosos de la poesía,y en los peregrinos de los juegos entretenidos, tomando en ellos del sesoallí do fuere mester e otrosí de la ventura (1), también tuvo coloresno menos agradables para dar á conocer á la posteridad lo que fueron DonAlfonso y sus sábios, en sus ideas y lenguaje didáctico, cuando trascurríael sido XIII, escribiendo con admirable sencillez sus libros sobre el saberpositivo de los cielos.

En otro lugar de esta publicación, nos fué difícil bosquejar ligeramentela figura histórica y científica del Rey D. Alfonso. Allí espusimos que nues-tros estudios especiales, si se quiere incompletos, en las ciencias físicas yexactas de los tiempos actuales, no eran suficientes para juzgar lo que fuela vastísima y casi universal inteligencia de D. Alfonso. Hoy la dificultad

(I) El libro de los juegos de las Tablas, Códice Alfonsí Escurialensc.