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Tomo V. - Parte 1.
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es mayor, porque se trata de saber y condensar en brevísima frase la razón, ypor quiénes se comenzó á introducir la duda y hacer que vacilase la opiniónante la verdad de las múltiples ciencias Alfonsíes; en las astronómicas,quiénes las falsearon, adulteraron y corrompieron con doctrinas estrañas; ypor último, quién las contrahizo con engaño manifiesto de la posteridad.

La entidad política de D. Alfonso X, como gefe supremo en el siglo XIIIde un pais constituido por la colectividad de pequeños reinos, que lenta-mente en el trascurso de 500 años se habían agrupado, sacrificando susautonomías, sin graves trastornos porque se trataba de la grandeza de lanación castellana, se halló á nuestro juicio espuesta á los peligros detrabajar y emplear su actividad y recursos en el intento de estender eldominio de su país á los otros pueblos que existían entonces en la península,,y saliendo de ella sobre otros mas distantes.

Si se atiende á lo que fué la mucha ilustración y privilegiada inteli-gencia de D. Alfonso, creemos que este pensamiento cupo en su mente.También nos parece probable que por él, y por haber verificado esfuerzossupremos para realizarle, fue vencido, presentando la caída del Rey men-cionado, muchas analogías con las de otros grandes genios políticos y mi-litares del mundo.

No somos nosotros, sin embargo, á quien corresponde enumerar y se-guir en sus menores detalles las causas que concurrieron para la caída deD. Alfonso; pero lo que sí recordaremos en este lugar, es que las derro-tas de los mas ilustres hombres de gobierno, pasados los primeros momen-tos de la victoria para los unos y de la desgracia para los otros, produ-jeron siempre un cierto asombro para todos, asombro que no trascurremucho tiempo sin que se cambie en respeto entre la generalidad de lospueblos que recuerdan las glorias y grandes obras del que fué, y en temorpara los poderosos que vencieron, cuando estudian los efectos de la der-rota, que les interesa no olvidar, como precedente histórico para su segu-ridad personal. Aquel asombro, aquel respeto y aquellos temores originadosel mismo dia en que la inteligencia privilegiada del Rey D. Alfonso cayóvencida, fueron hechos positivos; no debiéndose dar al olvido que á dichosuceso contribuyeron la fuerza de guerreros conocidos, y las pasio-nes políticas de muchos, cuyos nombres se calló la historia, pero que sesabe vivieron en Portugal, en Aragón , en la Provenza, procedentes de di-ferentes estados de Italia , del Sur, del centro y Norte de Alemania, detoda la estension de las Galias y del país anglo-sajon, cuyos monjes, pre-lados y sus mayores ilustraciones, concurrían en aquel tiempo en Aviñon rodeando al Pontificado.

Don Alfonso puso también de su parte, para concluir, sus desgracias,no del gefe de un país para quien deseaba ventura, gloria y renombre,sino la del padre anciano con numerosa familia, entre cuyos hijos los