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Tomo V. - Parte 1.
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hubo, aunque valerosos, de ingratitud conocida, que como elemento deguerra manejaron y utilizaron los enemigos políticos del Rey Sabio.

Es casi seguro que los últimos no creyeron que los sucesos llegasen alestremo que alcanzaron, resultando como prueba de la certidumbre de estejuicio, la universal manifestación a últimos del siglo XIII, estendida portoda Europa , sobre la inmensa ciencia que atesoró en vida el mas ilustre ysapientísimo Rey que rigiera pocos años antes á los pueblos de Castilla.

Tan esclarecida fama, es innegable que llegó como un eco, cruzando entodas direcciones, por Aragón, Cataluña y Portugal , dando motivo para quemuchos en estos últimos países rectificasen algún tanto sus opiniones pa-sadas, cuando se trató de la ruina de D. Alfonso; admitiendo que las cien-cias y las artes contribuyen al engrandecimiento de las naciones, aumentanó pueden acrecer el respeto y la importancia que se las concede, y enno-blecen también con aureola inmarcesible la frente de los reyes. De aquíresultaron á nuestro juicio algunos hechos históricos poco conocidos, perocuriosísimos, y muy dignos, en este lugar, de ser espuestos.

El primero fue que los Reyes de Portugal y Aragón , contemporáneosde D. Alfonso de Castilla, á cuya desgracia y pérdida tanto contribuyeron,adoptasen y se dejasen llamar después de aquella con el título de los sa-pientísimos D. Dionís y Don Pedro III en sus respectivas naciones; títuloque, aunque pudo ser hijo de la adulación estremada, su objeto tal vezfué igualar entre sí tres entidades regias, relativamente á las ciencias queposeyó de un modo positivo una de ellas.

El segundo hecho de los que conviene recordar es mas concreto, ypor consecuencia mas importante que aquel título de sapientes , anterior-mente mencionado, refiriéndonos á ciertos escritos legislativos en Aragón ,copia literal de algunos de los libros de las Partidas castellanas, y á cuyacabeza se leia, variando nombres:

Códigos de las leyes del sapiente I). Pedro de Aragón, redactados por sus cuidados, ilustro,dos porsu ciencia, y ennoblecidos con los pensamientos de sus grandes filósofos y profundos legisladores.

La noticia de estos códigos legislativos redactados en castellano conel nombre de reyes, falsificados en Aragón por algunos anónimos, la de-bemos á nuestro especial amigo D. Tomás Muñoz, conocedor profundo delos documentos oficiales y extraoficiales de la antigüedad en la Península.

El tercer hecho se refiere á la existencia actual de varios Códicesastronómicos y astrológico-judiciarios que se guardan en las Bibliotecas deParís y Londres , con el título en su parte canonicia y en sus vitelastabulares de Libvos clel sapientísimo I). Pedvo de Ávagon , precedidosde prólogos en latín bárbaro, que si son muy oscuros intencionadamentede entender en su totalidad, son muy claros en las paráfrasis de los pró-