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Tomo V. - Parte 1.
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logos que escribió D. Alfonso á sus libros, redactadas en elogio de aquelRey de Aragón por algunos sabios supuestos en los países que rijió.

Los tres hechos que llevamos manifestados, y una idea que se lee enBacon de que los pueblos de Castilla fueron mas temibles en la desgraciaque en los dias de la victoria (1), nos harán siempre creer que si no fuéposible, ni á últimos del siglo XIII ni cien años después, á los enemigosde Castilla el desmembrarla en épocas bien azarosas, por lo menos, despuésde la muerte de D. Alfonso, hubo en la Península quien pretendió, comode país distinto, heredar de él lo posible refiriéndonos á su ciencia y saber.Este deseo, con relación á los libros lejislativos anteriormente mencionados,tal vez no dió en Aragón los resultados apetecidos, porque aquellos erandocumentos oficiales de elevada importancia, y sobre ellos muy difícil de es-traviar la opinión, tratándose de su origen y verdaderos autores. En cambiolas obras astronómicas del Rey D. Alfonso, guardadas á principio del si-glo XIV tan solo por su corto número, se falsificaron para ciertos fines conmas fortuna en Barcelona, en Mompeller y tal vez en Aviñon , llamándoloslos unos los libros de los sábios de D. Pedro III, mientras que otros, creyendorestituir, escribieron en sus espúrias vitelas el de D. Alfonso de Castilla.

Tal vez haya quien á los tres hechos anteriormente mencionados losjuzgue de poca importancia, ó á lo mas como espresiones patentes de laemulación nacional, estraviada en Aragón en los pocos y muy contadosindividuos que se ocuparon en escribir supuestos libros Alfonsíes, con va-riantes en los nombres de sus autores. Pero esta cuestión de importanciacambia muy pronto de aspecto, si se considera que la entidad del libroanterior á la imprenta, siendo único, fué sin embargo equivalente parala ilustración á los doce ó catorce ejemplares de las obras que publicó laimprenta en los primeros tiempos de su edad. Que aquella unidad será siem-pre equiparable á los ciento próximamente que fué posible á las prensasreproducir á últimos del siglo XV, y á los doscientos que constituyeronel summum bonum de los libros científicos de las jornadas , como las lla-maron en todas partes de Europa los impresores del siglo XVI, repartidos enmuchos y distintos lugares, y por consecuencia sin centralizar, por "la granmaquinaria y los inmensos capitales industriales, en dinero, de los tiemposmodernos.

Aquellos Códices Alfonsíes, únicos en Sevilla, solitarios en Florencia , ymuy cortos en número en Barcelona y Mompeller para la inteligencia, ycambiados los tiempos, también creemos equivalieron numéricamente conlos quinientos ejemplares de ciencias físicas, naturales y exactas que seimprimían en el siglo XVII, si no por las perfecciones de las prensas de

(1) Consideraciones políticas para emprender la guerra contra España , redactadas para enseñanza del Príncipe de Galles. Obras dellacon de Verulamio .