97
mano, por la concurrencia del brazo de cientos de obreros. Y en definitiva,que aquellos Códices, considerados como unidad, siempre serán por sunumero mayores que los mil de las tiradas en las imprentas del siglo XVIII,y que los diez, cincuenta y cien mil que con tanta facilidad y economía esfácil estampar diariamente en Europa y en algunas naciones de la Américaactual. A esta consecuencia, al parecer extraordinaria, se llega considerandomatemáticamente, que entre el cero y el uno, como cantidad positiva, liayun espacio tan grande como entre el último y el infinito.
De lo expuesto resulta, que cada uno de los Códices llamados Alfonsíes,que se escribieron con anterioridad á la imprenta en los siglos XIII, XIVy XV, deben considerarse como otras tantas ediciones, distintas ó dife-rentes, cualquiera que sea el número de cuerpos de libro ó ejemplares,como se dice hoy en el arte de imprimir, que componen una tirada. Porconsecuencia, si aquellos tres hechos de que anteriormente hicimos méritopudieron ser de escaso interés y difíciles de hallar á la historia en gene-ral de los tiempos Alfonsíes, sin embargo, creemos que tuvieron gran in-lluencia sobre los libros astronómicos castellanos, redactados en Toledo en el período científico del Rey Sábio. Fundados en esta opinión, y recor-dando la universal fama que obtuvo D. Alfonso de Castilla , después de sumuerte, por sus desgracias y saber, al encontrar por primera vez el Códice , astronómico latino redactado en Barcelona por el astrónomo Gelabert y porel astrólogo castellano Carsi, con el nombre de un monarca sapientísimo,como lo pudo ser D. Pedro III de Aragón , creimos haber hallado la se-gunda edición de las Tablas Alfonsíes , adulterada ó cambiada profunday muy esencialmente.
Con este primer trabajo latino de Barcelona , tal vez existieron otrosen Mompeller, lugar muy frecuentado en los tiempos á que nos referimospor los Reyes de Aragón, que pudieron redactarlos Profacio Judeo y An-glico, intentando adicionar los libros Alfonsíes y entre estos los de la Azafehade Azarquiel . En aquel siglo, con un cierto grado de probabilidad, pudierontambién trasladarse á Alemania algunas tablas, que dieron motivos á Juan deMeklois para que este sábio, engañado, concluyese otra edición de los cánonesy de las Tablas Alfonsíes, que, como los libros de Barcelona , no tuvo decomún con las originales mas que el título. Pocos años después, y entodo el trascurso del siglo XIV y parte del XV, se repitieron nuevasediciones del Códice tabular del Rey D. Alfonso hasta el número de cin-cuenta, ilustrándolas los unos con curiosísimos cánones sobre el cálculopor sexagenas y sus resultados tabulares, no menos importantes si, es-tudiados cuidadosamente, se hallase en ellos la idea naciente de loslogaritmos de época mucho mas moderna. En cambio de esta adición,que aun suponiéndola importantísima no fué Alfonsí, ni se habla de ellaen ningún lugar de los libros del Rey D. Alfonso, las ediciones de estos
13
TOMO V.