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Tomo primero.
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Discurso Qywío. ttf

hábiles ostentar, gran confianza entila, para triunfar deestos enemigos. De modo , que viene á ser esta como se-ñal característica , para distinguir ios sabios de los igno-rantes : lo que expressó bien Etmulcro en las pahbraáqúe arriba citamos: Medicis ignorantibus as time fe agereopinantibus ; fcientibus vero tacité ingennjtentibas , 0?saos deseólas adbuc deplorantihus. Y mucho antes el Con-ciliador en la definición, que hizo de el Medico malo,pufola inseparable calidad de ser perpetuo i neón fícente de su ig-norancia propria: Propri <s ignorantm conjlantissimus í»m•confejfar,

iz Consideren ahora los vulgares ( que en un Medicalordinario contemplan la Deidad de Apolo , y en la masinútil porción de la Botica la virtud de el Oro potable)qué confianza pueden tener de una Facultad , de quien des*confian tanto los que mas han estudiado en ella? Si en lospreceptos establecidos por los mejores Autores hay tantaincertidumbre; con qué seguridad puede prometerles lasalud un Medico, que lo sumo que puede haver hecho estener muy bien estudiado estos mismos preceptos? Si los•ProfeíTores mas insignes fe hallan perplexos en el rumbo*que deben seguir,para curar nuestras dolencias,qué aciertosfe pueden esperar de los Médicos comunes? Si para com-batir estos grandes enemigos de nuestra vida , fe sienten siqfuerzas los Gigantes, qué podrán hacer ios Py goteos?,

§. III.

*4 \7' Que importaría que los Autores Medí-!

X eos no nos manifestaste» la incertidum-bre de fu Arte , si fus perpetuas contradicciones nosla hacen patente? Todo en la Medicina es disputado:luego todo es dudoso. Las continuas guerras de los Me-idicos, debieron de dar fundamento á Pedro de A pono*para decir , que la Medicina no estaba dedicada á Apolo,si uo á Maree ; aunque Cornelio Agripa, siguiendo fu ge-

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