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les, respectó de los Italianos, aquella fací! áondescenidelicia a admitir novedades , que Plinio lamentaba culos mismos Italianos, tespecto de los Griegos: Mutaturquotidie ars interpola , O 1 ingeniarum Gr¿eei¿e Jiataim-■pellimur.
3 a Conitodo, no faltan en España algunos sabiosCompositores , que no han cedido de el todo á la moda;o juntamente con ella , saben componer preciosos rectosde la dulce, y magestuosa Música antigua. Entre quienesno puedo escolarme de hazer segunda vez memoria delsuavifsimo Liceres, Compositor verdaderamente de nu-men original, pues en todas fus obras resplandece un ca-rácter de dulzura elevada , propria de su genio , y queno abandona aun en los assumptos amatotios , y profa-nos ; de fuerte , que aun en las letras de amores , y galanjterias cómicas , tiene un genero de nobleza , que solo seentiende con la parte superior de la Alma : y de tal mo-do despierta la ternura , que dexa dormida la lascivia. Yoquisiera, que este Compositor siempre trabajara sobre as-sumptas sagrados ; porque el genio de fu composición esmas proprio para fomentar afectos celestiales , que paraJnspirar amores terrenos. Si algunos echan menos en élaquella desenvoltura bulliciosa , que celebran en otros,por esto mismo me parece á mi mejor; porque la Música( especialmente en el Templo) pide una gravedad seria,<jue dulcemente calme los espíritus ; no una travesura pue-ril , que incite ¿ dár castañetadas. Componer de este mo->do es muy fácil; y assi lo hacen muchos: de el otro es dní cil; y assí lo hacen pocos,
z IX.
¡85 T O fe ha dicho hasta aquí de el desor-»I , den de la Música de los Templos , nofcomprehenefe solo las Cantadas en lengua vulgar ; mas-también Psalmos , Mistas , Lamentaciones , y otras par-tí* del Oficio Divino , porque en todo fe ha entrado la
mo-