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Tomo tercero.
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Discurso XII. 263

la á romper las margenes de la Corona, mas también las dela Justicia. No contentos con una dominación legitimaaspiran al Despotismo. Miran como estorvo de su grande-za la equidad , y lolo hallan ensanches proporcionados áfu espíritu en la tyrania. Infeliz estado el de un Rcyno,quando ai que le gobierna se le encaja este capricho. La'lastima es, que se les encaja también á muchos , que no fonConquistadores , ni piensan en serlo , sino de sus propriosvastados.

19 Es esta otra especie de conquista mas odiosa, ymas barata : porque no le debe al valor , sino á la astucia:no á las fatigas de la campaña, sino á las cavilaciones delGabinete. Conquistaose ios proprios subditos, haciéndo-se mas subditos , atando con mas pesadas cadenas la liber-tad , transfiriendo el vastállage á esclavitud. Es heredadala dominación hasta donde es justa; es usurpada desdedonde empieza á ser violenta. Pero infeliz grangeria laque por esta parte hace la ambición! Qye inte re Ña el Prin-cipe en poner en dura servidumbre los cuerpos, si al mis-mo tiempo se enagena las almas? Piérdelo mejor de fusvastados , que es el amor , dándole á cambio por una por-ción mas de miedo. Despotícese de los corazones, gravan-do los pechos. Privase de la mayor dulzura del reynar, queconsiste en verse obedecido por inclinación el que mandapor ley. Que deleyte puede dar una dominación , dondeen cada vastado se considera una fiera indignada contra lacadena, que la aprisiona? Que seguridad tendrá contra losestraños, quien hizo desafectos á los suyos? Ni que seguri-dad tendrá,aun contra los mismos suyos, quien á los suyoshizo estraños? Díganlo estos Monarcas del Oriente , don-de por afectar tanto los Principes ser arbitros de las vidasde ios vaísallos , fe constituyen algunas veces losvastados arbitros de las vidas de losPrincipes.