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Tomo tercero.
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Discurso XII. 'i¿f

tiendas de fus vastallos. Verdaderamente ejso es rej>nar(¿uxo el Gran hms) felices Monarcas por cierto , como consir-mando con so aprobación aquel modo de dominio. Tras-paláronle estas palabras el corazón de parte a parte albuen Mariscal de Etré , por considerar las perniciosas re-sultas de aquella condescendencia ; y llegándose promp*tamente al Rey , intrépido,le dixo:Pm?, Señor , advertid *que a dos , o tres de effos Emperadores en mis dias les dierongarrote Jas vasallos. El Mariscal de Villeroy, digno Ayo,o Gobernador del Regio Joven , que estaba á alguna dis-tancia , pero todo lo havia oído , arrebatado de gozo*rompió atropelladamente por todos los que estaban eqmedio, hasta llegar al de Etre,á quien abrazo publicamen-te, dándole cordialissimas gracias por tan oportuna , yútil advertencia. Ojalá huviesse siempre al lado de los*Principes, algunos hombres de libertad tan generosa, paraacudir promptos con la triaca , quando la iijonja los brin-da con el veneno de la tyrania en el vaso dorado de lasgrandeza.

§. V.

i 2 T A primera edad de los Principes és k mal1 i susceptiva , assi de perniciosas, como de sa-ludables Máximas. Echan altas raices en el alma las impresañones de la puericia. Segun el cultivo que recibe entonaees, fructifica después. En muy pocos falsea esta regla. EnJacabo, sexto Rey de Escocía, y Primero de este nombroeri Inglaterra, concurrieron grandes circustancias favo-rables , para que sueste zeloso Catholico. Tenían buen en-tendimiento , y no mala índole. Era hijo de la excelente!Reyna María Stuarda , de cuyo exemplo fe podía esperar:una eficacissima influencia en el animo del hi jo; La dilata-da prisión, y lastimosa muerte de aquella muger admiranble , debían irritarle contra la Heregia, siendo cierto , que}en el motivo de aquella Tragedia,se mezcló con la Política!sangrienta de Isabela, la causa de Religión. Sin embargo,las maligna^ sugestiones de un nial Ayo, desbarataron tán-

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