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Tomo I.
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IV

fanas; siguiendo el camino opuesto al que adoptó el emperador Juliano ,quien comprendiendo la inmensa utilidad que reportarían dichos estudios álos cristianos , se los prohibió aprender á los hijos de estos, porque su conoci-miento le infundia temor; prohibición que la historia filosófica ha contempladocomo el arma de guerra mas terrible ideada por el odio contra la fe y la ver-dad. (Teodoreto .)

En tiempo de D. Alfonso no se conocia la imprenta como medio de univer-salizar el saber, y con la cual se ha hecho imposible el que la civilización unavez adquirida se pierda; en cambio aquel sábio Rey mandó y dispuso se escri-biesen sus libros de astronomía y ciencias, indicando en todos que su objetoera para que se conservasen las prácticas y nuevos adelantamientos en aquellossaberes, de modo que su conocimiento cuando le cataren los omes en suslibros, que fallasen en ellos las cosas que 'quisieran saber, et poraque aquellos non se q>ercliesen.

Pero por tantos y tan nobles esfuerzos en las ciencias físicas y matemáti-cas, como según sus códices hizo D. Alfonso, recibió, sin sorpresa para noso-tros, de su pais, un nombre enaltecido por unos, ridiculizado por otros, casiolvidado por no pocos, quedando muchas de sus obras filosóficas desconocidas,precisamente aquellas que según la generalidad son las que le valieron el sobre-nombre de Rey el Astrólogo; calificativo al que la historia en ocasiones hadado doble significación, por lo cual en la centuria que trascurre, para la verdadde las crónicas, será necesario, como se demostrará mas adelante, considerar áD. Alfonso, si no como el primero, como uno de los mas sábios matemáticos yastrónomos que han contado las ciencias.

Los fastos militares de España nos dicen de lo que fué capaz el sábio Rey deCastilla, bien como guerrero, bien como gefe, en las conquistas de Sevilla, Mur-cia, de una parte de las de Jaén y del Argarbe. Las crónicas políticas le enalte-cen también por su habilidad consumada para mantener las ventajas y derechosde Castilla en relación con las otras naciones de la Península, aun en mediode las grandes dificultades en que se halló envuelto diferentes veces por cau-sas que no deben tratarse en este lugar. Las mismas crónicas, tal vez con unpoco de arbitrariedad, le acusaron de poco tacto político en los paises distantes,como Italia y Alemania , que algunos cronistas dicen se conoció en Castilla porcierto abandono en los negocios interiores del Estado, por la escasez de nu-merario, y por la amenaza continuada con la guerra de las naciones vecinasá Castilla; complicándose mas y mas una situación que se llamó azarosa, porqueD. Alfonso, en medio de tan complejas dificultades, según dicen sus enemigos,creia como Demetrio de Ealero, que los libros y las ciencias matemáticas y físi-cas eran las consejeras mas fieles y dignas de ser escuchadas por los Reyes. (Fi-dissimos Regum monitores et consiliarios esse libros Ptolomei, dixitDemetrius Phalereus .)

Esta última afición ó amor al estudio que tuvo 1). Alfonso en la historia