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Tomo I.
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XIV

ble á la destreza de Alejandro manejar, haciendo marchar de frente atados á sucarro de conquistador los caballos de la guerra, de la política y de las cienciasfilosóficas de toda la Grecia . Que Cesar condujo con igual fortuna los tres deAlejandro, pero abandonando pronto, porque creyó le faltaba fuerza, el de la elo-cuencia á Cicerón y á Pompeyo. De Leibnitz dice Fontenell que, como Hércu-les, según le pintó la antigüedad, manejó desde su carro atados de frente losocho caballos del saber. Estos ejemplos prueban que es posible la existencia enla mente de un solo hombre de diversas y al parecer opuestas ciencias, llegan-do en ellas con su genio á ser el primero de su siglo y el mas eminente.

Don Alfonso el Sábio, como Leibnitz , gastó la mayor parte de la virilidad desu alma en los estudios de la historia, de la legislación patria, de la política y dela guerra, de la moral cristiana y de la bella literatura, y á todo esto agregó elconocimiento profundo de las ciencias físicas y matemáticas, desembarazadasde la alquimia, de la cabala, de los agüeros y de todas las ciencias ocultas, des-heredadas y borradas por el mismo D. Alfonso, como hijas espúreas del verda-dero saber, en sus códices científicos.

Con los preámbulos á los libros de ciencias arriba referidos, se puede probarque el hijo del Santo Rey D. Fernando, se preparó en los años de su juventudcon el estudio y las ciencias matemáticas, sin que por ello la historia pueda de-cir nada en contra del claro ingenio y del cumplimiento de ciertas obligacio-nes para con el Estado, del que entonces era Infante heredero de Castilla. Susmaestros, ó tal vez sus progresos en las ciencias, le hicieron comprender queaquellos estudios robustecían en cierta edad al entendimiento y á la razón; y enotro, ocupándose como él se ocuparía de la difícil misión de dirigir los negociosdel bienestar público, podían servirle para juzgar con acierto en determinados

asuntos de la guerra, y en no pocos de la industria, de la navegación y delcomercio. Que tan sábio Rey como fué I). Alfonso, estudió cuando Infante ytodavía mozo las matemáticas y la astronomía con singular aprovechamiento,en honra de su veneranda madre y de sus maestros, lo manifiesta él mismo,citando respetuosamente á la Reina con frecuencia en los prólogos de sus li-bros de astronomía; además en su disposición y mandato de que cuando él nopresidiese su academia de astrónomos de Toledo , lo hiciesen Aben Reghel yAlquibicio ( 1 ); y en el prólogo del libro de la Acafeha, que mandó traducir á sumaestro Fernando de Toledo en el año IV de su reinado, en el cual dice: JVosRey D. Alfonso , ueyendo la bondat desta Acafeha, que es generalmien -tre pora todas ladezas, et de como es estrumente muy complido, etmucho acabado , et como es caro de sennalar, et que muchos ornesnon podrien entender compliclamientre la manera de cómo se faz.

A estas palabras escritas por D. Alfonso se siguen y preceden otros conside-

andos que manifiesta á D. Fernando de Toledo, á Bernaldo llamado el Ara-

(') Vargas Ponce, Elogio de Don Alfonso X, cognominado el Sábio.