XVIII
árabe, y de las cuatro naciones cristianas que habia en la Península en el si-glo XIII, podrán decirnos con verdad si el Infante D. Alfonso, por medio de susmaestros y por los conocimientos científicos que adquirió y llegó á poseer,consiguió el respeto y consideración de todos los que cultivaban las cienciasmatemáticas de entonces, en la Península, en Europa, en Africa y en Arabia.Además, las mismas crónicas podrán decirnos si los sábios á (fue nos liemosreferido, llamados por él, acudieron, no ya al lado del Infante sino del Rey, áquien entre ellos llamaban el Sábio . Si de este asunto las crónicas políticas yadministrativas no conservasen rastro ni señal alguna por escrito, lo cual noes absolutamente cierto, téngase muy presente que Luis el Grande de Fran-cia , en los negocios análogos y cuatro centurias después, también los manejócon el mas profundo secreto: por nuestra parte, contra la ignorancia de la his-toria, si fuese positiva, opondríamos el hecho consumado de las reuniones desábios árabes, hebreos y cristianos, que tuvo D. Alfonso en Toledo , según al-gunos creen en los palacios de Galiana, y en otros edificios que antiguamentehabían sido mezquitas árabes. El monarca referido proyectó y formó una Aca-demia en Castilla, donde se cultivase el estudio de las ciencias, como lo hanverificado otros Reyes en Europa , mereciendo bien de sus respectivos países.1). Alfonso, que pasó en su reinado mayores apuros y mas grandes necesida-des como gefe del estado que Luis el Grande en su tiempo, mantuvo diez añosuna Academia astronómica en Toledo , y procuró animar y defender en Castilladurante treinta á sus verdaderos sábios, haciendo de modo que para ellos ysus estudios pasasen desapercibidas las conmociones políticas y las guerrascasi permanentes de aquella edad. Este período de treinta años, que supone-mos estuvo D. Alfonso animando y defendiendo con ánimo resuelto las cien-cias en su renacimiento, le principiamos á contar desde el momento que con-cluyó su educación científica, ó sea Inicia 1252 hasta 1278 ó 79, tiempo muypróximo á que fuese destronado; cuya última fecha se puede fijar por estas pa-labras del mismo Rey, escritas en el prólogo al libro del Q-uadrante , diciendo:(cEt porque esta parte primera (leste libro non fué fallada en esta sazón de ago-»ra cierta et complida assi como deue de seer; por ende nos Rey D. Alfonso el»sobre dicho, mandamos á nuestro sábio Rabiqag el de Toledo , que lo ficiese»bien cierto et bien complido. Et esto fué cuando andaua la era de nuestro Se-»ñor Jesucristo en mil doscientos setenta et siete.» A cuyo libro, y con poste-rioridad, siguen en el códice los cinco de la relojería astronómica, y el ultimosobre un astrolabio universal.
Don Alfonso no tenia secretarios de Estado como Luis XIV de Francia , por-tille estos son de creación muy nueva; así es que mientras el segundo en losestatutos de su Academia escribía en medio del ruido de las batallas finalizadasen Riswig, que se serviría de aquellos para hablar con los sábios de su país, elprimero lo hacia guiándose por su propia ciencia, largo tiempo hacia adquirida,cuando la calma en los negocios se lo permitía, y si se quiere como Luis XIV