XXXIV
»tanto se había amparado la malicia para hacer un crimen de irreligión á un«monarca cuya vida fue una serie de actos de piedad.»
Muy diferente juicio es el que han formado algunos historiadores moder-nos, reproduciendo las opiniones antiguas, cuando se refieren á 1). Alfonso,faltando á sus mismas reglas de describir con verdad la figura de los hom-bres notables por su política ó por su ciencia, para lo cual es necesario de-sechar todo aquello que pueda convertir la descripción en una caricatura, di-ciendo un historiador italiano : ((Alfonso el Sábio, Rey de Castilla, reunió en«Toledo á los astrónomos mas esclarecidos, corrigió las tablas de Ptolomeo , sus-«tituyéndolas con las Alfonsíes, fundadas en el mismo sistema, pero diferentes«en el movimiento medio de los planetas; aún sostiene según aquel sistema la«doctrina del movimiento de la trepidación de las estrellas, y mezcla con»todos los cálculos las preocupaciones de la cábcda. Sin embargo, veia«tanta confusión en el sistema general del mundo, según la opinión de Pto-«lomeo, que esclamó: si yo hubiese estado al lado de Dios cuando creó el Uni -«verso, le hubiera aconsejado mejor en el orden de las esferas. Así el igno-rante culpa á la Divinidad hasta en aquellas mismas cosas que respeta y«admira la verdadera sabiduría f 1 ).
Hasta cierto punto, los historiadores científicos y políticos estrangeros,cuando hablan de los hechos de España , son disculpables, si tenemos en cuentaque han tomado sus noticias de ciertas crónicas antiguas, y como historiado-res creyeron referir y ser intérpretes de la verdad. Pero lo que sorprende es(pie ú mediados del siglo que trascurre, un astrónomo español haya publicadosobre la cuestión de que tratamos, y como comentariando el dicho de D. Al-fonso, «que mucho repugnaría á este la idea de una octava esfera girando«en veinticuatro lloras al rededor del qiolo del Ecuador y en treinta y seis«mil años al rededor del polo de la eclíptica, que esplicaba el movimiento en«longitud de las estrellas, cuando al pensar en esta hipótesis esclamó: Si Dios «me hubiera tomado consejo, mas sencillo sería el sistema del mundo.» El mis-mo astrónomo continúa su discurso contestando al Sabio Rey para que sehumille la altivez (pie le supusieron ciertas historias, (liciéndole: En efecto ,mas sencillo es el sistema del mundo; pero sin embargo , no pusis-teis en duda los principios de Ptolomeo , que fueron los mismos quepuso Hipareo en Grecia , los cuales han imposibilitado por espaciode diez y ocho siglos los progresos de la astronomía.
La crítica imparcial, según todo lo espuesto, puede convencerse que en lascrónicas, en las obras de nuestra literatura, y en los libros españoles que in-cidentalmente ó de otra manera hablan de la astronomía, ninguno está con-forme en el modo como se espresó y en las palabras mismas con que supo-nen (pie 1). Alfonso formuló su pensamiento, referente á la causa primordial
(') Cesar Cantú, Historia universal.