XXXV
del desorden lastimoso que cuentan había notado en las esferas celestes. Desor-den que es una suposición gratuita, y cuya idea en la mente del Rey de Cas-tilla, considerado como astrónomo, no pudo existir; como lo prueban estaspalabras que valen á nuestro juicio algo mas que una simple hipótesis escrita enla historia. «Y por ende nos, Rey D. Alfonso de Castilla, mandamos al sabio»llabicag que fable de cómo es el firmamiento (la invariabilidad, la cons-»tancia, el orden seguro é inalterable, la firmeza de los cielos) sobre la es-v>j)era de la tierra.» (Prólogo del Astrolabio redondo.)
El piloto San Martin no sabia si el tanto de culpa de andar errados, co-mo él dice, los movimientos de los astros, debía atribuirse en su tiempo álas tablas astronómicas, á las ciencias de 1). Alfonso, á las de Regio-Monta-no, ó si tal vez la culpa la tenia quien no se había aconsejado del primeropara arreglar los cielos; pero que el error existia, sicuti experientia ex-per ti sumus.
En los elogios históricos y en los juicios literarios (pie sostienen, admitené interpretan favorable ó desfavorablemente las supuestas frases de I). Alfonso:sin haber leído los libros de los planetarios ú órbitas de las estrellas move-dizas que escribió aquel con admirable simplicidad, aseguran que nuestro Rey,el gran astrónomo, se asombró de la multitud inútil de las esferas que se ad-mitían en su tiempo, y de la complicación de los ciclos y epiciclos ideadospor los antiguos para sostener en su curso á los planetas; pero de esta sor-presa, por mas que cuente la historia, no dejó D. Alfonso ninguna señal nipalabra escrita en sus libros de las órbitas y movimientos de los siete plane-tas, fechos simplemente para saber orne el lugar cierto de la pla-neta en cuál hora ó en cuál día quier á menos de tablas et sin la-cerio ninguno , et mucho ayna, et es una de las sotilezas que fueronfechas en esta sciencia (*).
César Cantú aceptó las antiguas frases de las crónicas, las modificó y es-cribió de diferente modo, acusando definitivamente á 1). Alfonso, á nuestro jui-cio sin saber por qué, no ya por la confusión y obscuridad de los ciclos y epici-clos que se admitieron basta tiempo de Copérnico , sino por la mezcla de lacabala con los cálculos astronómicos que se permitieron los sabios toledanosdel siglo XIII; calificando al Rey de Castilla con tal motivo de ignorante c'impío para con la Divinidad en aquellas cosas respetadas siempre y admiradaspor los verdaderos sabios. Esta nueva acusación de la cabala para nosotros esmesplicable, pues en los códices astronómicos de 1). Alfonso no se bailan lasmas pequeñas pruebas, y caso de bailarse, son evidentemente contrarias áaquella aberración de las opiniones y creencias que se sostuvieron en la anti-güedad; mientras que en sus códices legislativos, D. Alfonso combatió con ru-
( ) Prólogo al libro do las láminas en el códice del saber de astronomía.