LIV
ría, astrología y adivinanzas de muchas variedades, según una ley de Partidacitada con anterioridad. Esto en cuanto á la práctica de los conocimientos astro-lógicos que gratuitamente y sin pruebas positivas se lia supuesto que tuvo aquelRey de Castilla, pues respecto á las teorías inofensivas de la referida astrología,considerada como hermana muy diferente de la astronomía verdadera, DonAlfonso, para su defensa ante las ciencias modernas sobre este particular, hu-biera creído suficiente repetir las palabras con que concluye en el libro de lasArmellas un tratado formado de ocho ó diez capítulos de pura astrología judi-ciaria, que se hallan en el libro referido, y las cuales son las siguientes:
«Et toue por bien poner aquí todas las oppiniones astrológicas antiguas de«Hermes, Ptolomeo, Albatenio, Aben-Mohat, Abulnassar, Abuiz-hac-Azarquiel,»et los otros sabios desta sciencia, porque fuese este mi libro mas complido, et
aporque non semejasse que lo leccaba por pereza . Et tú escoge en
»estas oppiniones sobredichas lo que semeiar meior.» Palabras que bastaría para-
notarian entonces, y todavía se notan en las supuestas Tablas del Rey D. Alfonso, impresas en Vcnecia. Con los referidosobjetos, y para sostener el crédito de aquellos libros y ediciones, mas que para restablecer las Tablas del Rey 1). Alfonso á suprístina pureza (lo cual por lo menos prueba que los impresores italianos en los siglos XV y XVI no creyeron poseer conla obra de Ratdolt las verdaderas y originales Tablas Alfonsíes ), se encargó Gaurico de la primera edición de 1492, préviauna rectificación y estudio durante siete dias, que se dijo minuciosísimo, y de un elogio de la astrología judiciaria que es-cribió el referido Gaurico, como introducción á sus Tablas Alfonsinas. A los arreglos de Gaurico se siguieron los consignadospor el aleman Lucilio Santtriter, en las ediciones de aquellas de 1821 y 1824, el cual sin duda creyó sería agradable al Empe-rador entonces de Alemania y Rey de Italia y España una edición de las Tablas del Rey Alfonso ilustradas, y tal vez paradefenderlas del descrédito con que por entonces principiaban á correr en Europa , publicándolas unidas á un cierto códiceastronómico tabular arreglado en Castilla hacia los años 1478 por Alonso de Córdoba, que á mi juicio, aunque sin pruebaspositivas, pero con un objeto indicado ya, se le llamó en Italia el códice de las tablas astronómicas de la Reina Isabel deCastilla, dicha la Católica, que se publicó en Venecia unido á las últimas reimpresiones de las antiguas Tablas AlfonsinasItalianas .
La emulación del arte tipográfico, y tal vez un poco de afición á los libros antiguos, creemos fueron el motivo ostensiblede la impresión de las Tablas Alfonsíes de Italia, verificada en París en 1848 y 1888 bajo los cuidados de Pascual Ilamel,profesor del Colegio Real de Francia. En cuanto á los motivos reales de la publicación de dichas Tablas Parisinas , tal vez, ysolo como dudosa, emitiremos la opinión de que fueron la escasez que se notaba en los ejemplares de Italia , y lo mucho quelos buscaban para usarlos los marinos españoles , franceses y holandeses, que respetaban y consideraban como útiles y ven-tajosas aquellas Tablas. Para conseguir este último objeto, Ilamel ó los impresores de París suprimieron muchos cánonesde Juan de Saxonia, conservaron una brevísima dedicatoria de las Tablas Alfonsíes de Gaurico al augusto príncipe PompeyoColona, é interpolaron entre las que se decian Tablas del Rey Don Alfonso de Castilla algunas de Rlanchini y de otrosastrónomos y cosmógrafos de aquella edad, que lenian aplicación á la navegación astronómica, añadiendo ciertos cánonesastrológicos y tablas para la formación de los horóscopos; con lo cual debia hallarse el libro llamado tanto en Italia comoen Francia de las Tablas Alfonsinas mas y mas perfecto. Estos cánones astrológicos y horoscópicos, ó para el echamientode los rayos, cuando se ven reproducidos, conservados y perfeccionados en los libros de Ilamel, traen á la memoria aquellafrase que se lee en el códice original del Rey D. Alfonso del saber de astronomía, en el cual dice: que si se habia ocupadode las opiniones astrológicas, y refiere cuáles son, y las enumera, lo verificó porque non creyesen los ombres que lo lexaba porpereza, y que los que cataren y leyeren aquellos capítulos de sus libros podrían adoptar la opinión sobre echar los rayos(los horóscopos) que mejor les pareciera; pues respecto del autor de aquel libro toledano redactado en el siglo XIII,todas aquellas opiniones sobre los horóscopos, y sus contradicciones, le eran por lo visto perfectamente indiferentes.
También en España , aunque con mucha posterioridad (en el siglo XVII), se arreglaron para la imprenta y llegó á impri-mirse una de las dos ediciones en latin de las Tablas astronómicas Alfonsíes. De la primera habló Suarcz Argüello, llamán-dola las Tablas del sapientísimo Rey , que arregló el Padre Andrés León; estas no las hemos podido hallar todavía, á pesar dela mas esquisita diligencia, ni impresas ni manuscritas; pero de su existencia dió cuenta el referido Sr. Suarez Argüello,diciendo en el prólogo de las Efemérides astronómicas de Madrid, (año de 1008): «Otros imputan al Rey I). Alfonso de Cas-tilla , que entre los doctos que juntó del Orbe fue un gravísimo y eminente Hebreo Rabí Moysen (debería decir Rabicag et el