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Esta opinión, aunque un poco aventurarla, la fundamos en la descripcióninédita del ITorologio amoroso que dejó en verso antiguo, entre sus manuscri-tos, Froissarrl, á quien su pais llama su gran cronista del siglo XIV. Las partes,ruedas y piezas de aquel artificio horológico, según la poesía francesa referida,son las mismas, tienen iguales nombres, y con ellas se hubiera construido unmecanismo semejante al del Relogio dell Argento uiuo que se describe en unode los libros compuestos por el sábio Rabiqag el de Toledo , por encargo delRey D. Alfonso, que le dió la idea y el plan del relogio, y cuyo libro formaparte del códice del saber de Astronomía á que nos referimos en estemomento.
Froissard, como Guillermo de Nangis, debe suponerse que para escribircon toda verdad su crónica, tuvo también franco acceso en la cámara de losreyes de Francia ; y para nuestro objeto nos hallamos, que si el primero y masantiguo de los dos cronistas examinó en aquel lugar el códice de las TablasAlfonsíes , que cita como una de las mayores adquisiciones verificadas por SanLuis y recíprocamente por la Francia ; el segundo, que florecia medio siglodespués de D. Alfonso, se entretuvo ciertos momentos leyendo alguna copia delcódice del saber de Astronomía , al rimar cantando á la ingeniosa y grandestreza del que concluyó é ideó el horologio toledano de mercurio. Tales sonlas indicaciones históricas que hemos hallado referentes á la existencia enFrancia de una copia de los códices astronómicos del Rey D. Alfonso, veri-ficada ó sacada de los originales casi en la época misma de su redacción.
El Marqués de Mondejar en sus memorias manifiesta que D. Alfonso tuvoy demostró con mil acciones un cariñoso afecto á su nieto I). Dionís de Por-tugal , llamado en ciertas crónicas el Sábio y en otras el Constructor ; aña-diendo el referido Mondejar que este Rey, siendo Infante, frecuentó y visitórepetidas veces la corte de Castilla en Sevilla y Toledo ; distrayéndose muchosu venerando abuelo, en medio de su fortuna y sus desgracias, con las seña-les que daba de afición al estudio de las ciencias el que liabia de ser el sábioRey de Portugal. Como se notará fácilmente, las indicaciones que precedendel Marqués de Mondejar son muy indeterminadas, para con ellas seguir á loscódices astronómicos Alfonsíes en la cámara y biblioteca de los reyes de Por-tugal de la época en que se escribieron aquellos; sin embargo de lo cual exis-ten algunas probabilidades para creer que una copia de los códices Alfonsíes,tanto el de las Tablas como de los libros del saber de Astronomía pasa-ron á Portugal; bien en la época de I). Dionís , atendiendo á la cariñosa amis-tad de parentesco y científica que hubo entre D. Alfonso y aquel, según loindicado por Mondejar; ó bien en el siglo XV, en cuyo tiempo pudieron lle-varse alguna copia de los códices citados D. Rodrigo y el hebreo D. José, mé-dicos que fueron de 1). Juan II de Portugal, ó el maestro Jaime de Mallorca ,ó el marino Martin Bahayn, á quien algunos llamaron el Bohemio, creyén-dole además discípulo de Regio-Monte.