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Tomo I.
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LXXXVII

per la cadena de sus estudios y conocimientos, permanentemente modernos,por un punto cualquiera elegido por algunos hombres dignísimos, atendiendo ásu amor por el presente y estudios mas particularmente literarios.

Si por una parte sería importante la publicación actual del códice astro-nómico Alfonsí del saber de Astronomía; y si las dificultades que poranalogía muy remota se pudieran presentar á la realización de esta empresaen el terreno de la discusión se convirtieran en nuevas y poderosas razonesque demostrarían la importancia y hasta la verdadera necesidad de aquella pu-blicación, nos resta llamar la atención sobre un punto que, aunque sea el últi-mo, es de gran valer sobre la misma necesidad tan imperiosa, como lo sontodas, cuando se reconoce en ellas la realidad.

El códice Alfonsí complutense presenta en todas sus vitelas señales positi-vas de su venerada antigüedad, pero también tiene muchas otras por las cua-les es fácil probar hasta la evidencia, que aquel libro de tanto mérito aten-diendo a los tiempos en que se escribió y á la influencia que tuvo y que talvez tendrá en las ciencias de los hombres, se ha visto rodeado y maltratadopor el idiotismo y malicia infantil, y por la ignorancia, torpeza ú olvido de mu-chas generaciones de hombres. Estas, segundas pruebas son físicas y tangibles,por consecuencia no se pueden ocultar; refiriéndonos a ellas en este lugar noscontentaremos con reproducir parte de la nota que anteriormente se lleva es-crita de: esta obra original no tiene precio; no se ha impreso nunca,aunque es o bra Real, compuesta y mandada hacer por el Rey I). Al-fonso el Sábio, y su Gobierno de Castilla, en el siglo XIII; frases enromance castellano escritas por un anónimo en 1684, las cuales reunidas conlos destrozos y mutilaciones incomprensibles que los códices originales del Reysobredicho presentan en la actualidad, y comparando aquellas y los libros á quese refieren con la suerte que han tenido otros códices manuscritos en Italia ,Alemania, Erancia, Inglaterra, Bélgica, Rusia, Suecia y Dinamarca , puedenreemplazar tristemente, y si cabe con mas ruda y varonil elocuencia, á aquelquousque tándem, que fué suficiente para conmover violentamente todas laspasiones de un gran pueblo, que con aquellas palabras principió á desapareceren medio de sus virtudes cívicas y de sus vicios universales, poco tiempo des-pués de Cicerón, César y Pompeyo .

Al considerando anterior referente á los códices astronómicos del Rey DonAlfonso, que hasta cierto punto, y sin quererlo ellos, comprometen el decorocientífico del país gobernado en otro tiempo por tan sábio Rey, podrían aña-dirse otros; pero no lo haremos sino relativamente á la posibilidad de queaquellos restos de los códices Alfonsíes desaparezcan de España por causasdiferentes, como las que provocaron en Egipto hace 70 años un despojo artís-tico y científico de las antigüedades de aquel pais, ganado por las armas yrecojido por la civilización y el saber de un imperio conocido, causas igualesy análogas á las que destruyeran la biblioteca guardada en la fortaleza de Lar-