Discurso XIII. 327
tí caso de pastar de la duda á la certeza. Veesc esto claro,en que las mismas qucstiones, que fe disputaban docien-tos años ha, fe disputan hoy coa la misma fuerza que en-tonces. Si algún desengaño , 6 conocimiento cierto se haadquirido en orden á uno, u otro Theorema physico , nonació en el aula , vino de afuera á beneficio de la experien-cia. Si se sabe hoy,que el ayre es pesado,gracias á los expe-rimentos de Torriceli, Mónsieur Pascal , Otón Guerrico,f Boyle. Si se asegura, que la sangre circula por venas, yarterias, lo debemos á las observaciones Anatómicas deFr. Pedro Pablo de Sarpi, y de Guillelmo Harvéo.Si cons-ta , que elChilo no vá al hígado , sino al corazón , quienaveriguo esta verdad, sino la oficiosa practica de Juan Pe*quero , Thomás Bartolino , y el ingles Lovvero ? La ex-periencia ha sido el único Juez arbitro , que ha terminadoalgunas lides , 6 desterrado algunos errores de las Aulas.Dónde todo fe dexa á la especulación , y al raciocinio^siempre el pleyto está pendiente. Pasta un siglo , y otro si*^lo , oyéndose los mismos gritos, los mismos argumen-ttos , las mismas distinciones , y el tesón de las partes con-,-tendientes fevá transfiriendo, como por íucession heredi-taria , de unos en otros professores, sin que haya esperan-;za, ni de victoria,ni de ajuste.
§. XXIV.
88 T"\E esta conocida ignorancia nuestra , pode*' I 3 mos deducir una reflexión muy útil , para-observar constantes la sujeción debida á los sagrados Dog--mas de la Fe. Él mayor enemigo de la Religión es la des-.ordenada confianza de la razón. El que llega á apreciarnimiamente su proprio discurso , tiene puesta, su creencia.sobre el orbe del precipicio. Enquantos Heresiarcas ht¿-■ v©> hasta ahora, fue transcendente esta vanidad. En los de-más vicios fueron deflemejantes ; en- este todos acordes.Ni todos fueron lascivos , ni todos avarientos , ni todosambiciosos; pero todos presumieron mucho de sn discur-so. Y qué antidoto maZ eficaz contra esta altiva loca, qtfa