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Tomo I.
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LXVIII

daccion, será, pues, necesario buscarlas en aquellos lugares durante los tiemposantiguos.

Se sabe que en las cámaras de los Reyes de la edad media penetraban masó menos fácilmente los nobles de las razas militares; no con tanta frecuencia* las elevadas dignidades del clero, por consideraciones á su estado y por otrasrazones de un orden que no es de este lugar el dilucidar; pero respecto deestos gefes y dignidades en las gerarquías militares y eclesiásticas no existe la,mas remota probabilidad de que se ocupasen, ni su atención se fijase directa-mente en los códices astronómicos del Rey D. Alfonso, guardados en la cá-mara del Rey ó de otros reyes. Afortunadamente en aquellos lugares se ha-llaban siempre los cronistas tal vez sin voto, pero estudiando y anotando per-manentemente, con el objeto de formular sus opiniones históricas, de la mayorimportancia para el porvenir. Seguiremos pues á estos últimos en las primerasnoticias que se dan de los códices astronómicos originales del Sábio DonAlfonso X , y de las copias de aquellos en el siglo XIII.

Los cronistas castellanos y las crónicas del Rey I). Alfonso, citan fre-cuentemente los códices astronómicos, escritos ó mandados escribir por aquelRey. En algunas de aquellas se señalan los lugares en que con verosimilitudpudieron escribirse los códices Alfonsíes, los nombres de los sábios que con-currieron á la formación de los referidos códices; y como muchos hayan acu-sado á D. Alfonso de pródigo con los tesoros propios y los de sus reinos, tam-bién se les halla citados en ciertas cuentas de gastos que se dicen ocurridos conmotivo de aquellas obras astronómicas en los buenos tiempos del reinado deaquel; contemplando unos las cantidades referidas como un motivo de granelogio para el Rey D. Alfonso de Castilla, y otros hallando en aquellos númerosmotivo fundado para acusarle por la prodigalidad, inconcebible en un hombrede gobierno, de haber gastado en los estudios astronómicos una cantidad que,si fue cierta, sobrepujó á los tesoros particulares reunidos de los reyes, y públi-cos de todas las naciones de la Europa en aquella edad.

Pero lo que se lee en las crónicas castellanas con referencia á los códicesAlfonsíes de la astronomía, es pálido reflejo de la sencillez y verdad con que elRey mismo da cuenta de sus libros á la historia futura de las ciencias, escri-biendo al frente de ellos, y para servir de prólogo al códice Alfonsí que se haguardado por tres siglos en la Universidad de Alcalá:

«Este libro es el del saber de Astrología, que mandó componer de los libros»de los sábios antiguos que fablaron en esta sciencia, 1). Alfonso, fijo del muy»noble Rey D. Fernando et de la Reyna Donna Beatriz, et sennor de Castiella,»de Toledo, de León, de Gallicia, de Sevilla, de Córdoua, de Murcia , de Jaén»et dell Algarbe, et fabló en él de todas aquellas maneras por que se puede»catar et cognoscer, et entender el mouimiento de todos los cielos que sewmueuen, et de las estrellas que son en ellos. También de las del ochauo cielo,»á que llaman fixas porque non an mouimiento, assi cuerno de las otras VII