Band 
Tomo I.
JPEG-Download
 

LXXXV

científicas y de las de la Europa de la edad media, puesto que los sabios demuchas partes concurrieron á la formación de los libros de D. Alfonso. Conposterioridad á los tiempos de D. Alfonso, sus códices, en el caso de la supuestapublicación antigua, según las opiniones de D’Alambert, Bailly y Delambre,citadas oportunamente en diferentes lugares de este discurso preliminar, aque-llos códices como en el siglo XVIII se hubieran considerado uno de los esla-bones de la cadena inmensa del saber felizmente conservado, y con el cual sepodria estudiar la marcha y el verosimil camino que siguió la inteligencia ensus progresivos conocimientos sobre las matemáticas y astronomía de la edadmedia; siendo esta cuestión la (pie, iniciada por D’Alambert, ha adquirido, encada dia que ha trascurrido en los cien años últimos, mas y mas grande im-portancia.

Pero en el siglo XIII, que faltaba la imprenta, la publicación del códiceAlfonsí complutense fue imposible de todo punto. Mientras (pie en los si-glos XV, XVI, XVII y XVIII, por las razones que en diferentes partes deeste discurso quedan espresadas, las ocasiones propicias para la publicación delos libros originales de D. Alfonso fueron pocas; en cambio los sucesos contra-rios, y el olvido de aquellos y otros códices castellanos fueron repetidos, y elúltimo casi continuado. Por estas razones, y las que siguen, creemos firme-mente demostrado (pie aunque sea tarde, todavía hoy sería importantísima la,publicación de los venerandos códices astronómicos del Rey D. Alfonso el Sabioque existan originales.

La ilustración de toda Europa tiene ya publicados casi todos los libros clá-sicos en historia, bella literatura y ciencias que se escribieron en los tiempos an-tiguos en Oriente y Occidente. Además, con los cinceles, buriles y colores se hanreproducido con miles de copias, las obras también clásicas (pie se han halladode la antigüedad; consiguiéndose con tales medios que el mundo científico yartístico antiguo sea casi mejor ó mas generalmente conocido de los hombrespresentes que de los mismos autores que escribieron aisladamente sus libros, óconcluyeron con la paciencia, la destreza y la soledad de su genio ciertas obrasmaravillosas de las artes. En esta empresa del renacimiento de los tiempos an-tiguos, los Gobiernos modernos han tomado una parte activa ó indirecta, y otralas Academias desde su fundación á mediados del siglo XVII, trabajando direc-tamente con sus estudios críticos, y reuniendo lo disperso por los tiempos ylas guerras, para rehacer en la paz la inteligencia de los antiguos, y cuantose supo en ciencias y artes hasta por los pueblos y naciones que muchos si-glos há desaparecieron, dejando su solo nombre en la faz de la tierra. Los go-biernos, para esta clase de obras, han proporcionado los medios materiales deque pudieron disponer, incluso el derecho de conquista; y las Academias, lomismo en España que fuera, sus estudios y trabajos.

Estos últimos hechos no necesitan esplanarse, pues son conocidos de todoel mundo; pero no se nos ocultan las razones que algunos han tenido para cri-