nos encontramos con la ley del 31 de Octubre de 1835, queautorizaba al Gobierno, á otorgar la primera concesión deun ferrocarril que debia partir de la Capital del Imperioy dirigirse hacia las tres Provincias vecinas, de Río deJaneiro, Minas Geraes y San Paulo. Esa concesión fueacordada á I). Tomás Cockrane el 4 de Noviembre de 1839,la que posteriormente caducó.
Siguiendo á la interesante reseña sobre ios ferrocarrilesdel Brasil hecha por el distinguido ingeniero, EernandesPinheiro en la obra “Le Bresil”, publicada en 1889 por e¡estadista Santa-Anna Nery diremos: que hasta el año de1852 el problema de la construcción de los ferrocarriles habíasido mal planteado, que ese período no se tradujo sino por e^trabajo lento que se hacía en los espíritus, pero no se ten-dió ni vm solo riel. Como en todas partes, en los primerostiempos de aquella campaña á favor del nuevo sistema delocomoción, no se veía sino el lado especulativo y que de-bía dejarse absolutamente librado á los esfuerzos y ries-gos privados. No se daban cuenta de la potencia enormeque presentaría algún día esa gran reforma de la viabilidad,ni se apercibían tampoco de que ese nuevo sistema de tras-portes era el medio más seguro para desarrollar un país, yque por tanto salía de los dominios de la simple especu-lación privada para tomar el carácter de una razón deestado.
Mucho tiempo duraron esas vacilaciones de los espíritusy el Gobierno y el Parlamento no dejaban á su vez dedudar del éxito del sistema porque se trataba de lo desco-nocido; pero, como la verdad y el buen sentido tomansiempre su puesto, si el patriotismo los ayuda, pronto sevenció esa primera indecisión; se comprendió que no eranposibles los primeros ferrocarriles sin el apoyo materialdel Estado, y que el simple permiso para construir y ex-